Ilustración: Diego Oyarzún.

Primer lugar

La muerte y el silencio

La podredumbre inundó la choza, Ayayema está aquí. No hay quién llore, ni me ayude en mi entierro en el reino del espíritu de la muerte. El dolor se hace más fuerte y me cuesta respirar, unas garras invisibles me cierran el cuello. Él está adelantando mi partida. Llévame, no quisimos ir a la casa de los blancos, vivimos como nuestra costumbre indicaba, y ahora soy el último de mi familia, me iré junto a ti, pero algún día no quedará ningún kawéskar, serás olvidado y te ahogarás en el pantano. El silencio y mi último suspiro fueron la réplica.

Silvana Cardenas Comicheo, 31 años, Punta Arenas.

Ilustración: Alejandro Délano-Águila.

Talento Joven

La voz de los calafates

Me pinté con grasa de ballena, me dibujé rayas en mi cuerpo, era momento de ser adulto, mi tribu quería verme crecer. Salí hacia el bosque como puma, pero me perdí como pingüino en el mar, buscaba una salida, pero no la divisaba. Llegué a un claro de matorrales de calafate, una voz de mujer en el viento me llamaba, una dama convertida en calafate me robó el alma, mis brazos se transformaron en ramas y mis ojos en el fruto, miles de voces de aquellos calafates me calmaban, ahora era uno más en el bosque, hablando mediante el viento.

Tomás Souci Flores, 18 años, Punta Arenas.

Ilustración: Ofé.

Mención Honrosa

Perdido

El pingüino llegó a la Costanera cerca del monumento a la goleta Ancud. Salió del agua ante los ojos de los turistas, quienes aprovecharon la ocasión para sacar fotos. El ave vio a los bípedos con miedo. Ellos lo acorralaban y lo atacaban con luces que le hacían doler la vista. Graznó pidiendo ayuda a sus compañeros. Al ver que la ayuda no llegaba, se dio cuenta de que isla Magdalena estaba muy lejos, al igual que su familia. Los turistas siguieron tomando fotos.

Rubén Gómez Alarcón, 21 años, Punta Arenas.

Ilustración: Diego Oyarzún.

Mención Honrosa

Metamorfosis

Corría bajo la lluvia, en las veredas del Barrio Prat. Me gustaba jugar con el lodo en la plaza y abrir mi boca para que la lluvia saciara mi sed, veía a los muchachos jugar y también quería jugar, pero cada vez que me acercaba me lanzaban patadas. Quizás los mordí al estar enojada, pues me fastidio con facilidad. En fin, mi madre me llevó a casa, me dejó afuera hasta que mis patas fueran manos y pies. ¿Por qué tuve que transformarme en perro esa noche? Había bife a lo pobre, no iban a darme por ser mala chica.

Catalina López Retamales, 17 años, Punta Arenas.

Ilustración: Alejandro Délano-Águila.

Mención Honrosa

El viejo estanciero

¡Sush! Resoplaba el estanciero y a lo lejos se escuchaban los perros arriando el ganado. ¡Such! Resoplaba el viejo mientras caminaba jorobado por el viento como los árboles. ¡Such! Y seguía el viejo con la madera talada al hombro y a la casa, mientras ahí esperaba la vieja, los niños, el perro y los columpios hechos a mano esperando la llegada del fin de semana. ¡Such! Resoplaba el viento, con los árboles plantados por cada hijo, con el subibaja esperando los nietos, con el caballo y el cordero. ¡Such! Añoraba el viejo los campos, los fardos, el tiempo.

Steffy Bitsch Velásquez, 25 años, Punta Arenas.