Premio al Talento Joven
Asciendo. No por fe, sino por arrogancia: la ilusión de que desde arriba el caos revela patrón. El Cerro de la Cruz, mirador o altar, es testigo cansado de los que buscan sentido en la geometría rota del sur. La ciudad yace abajo, fingiendo orden; sus techos, plegarias oxidadas. Aquí, donde la cruz clava su sombra en la piel frágil del viento, uno comprende que mirar no basta. Nada se revela. Todo persiste. La altura no absuelve: amplifica el vértigo. Y aun así, venimos. A creer que contemplar es comprender. A creer que hay redención en la vista.
Christian Coronado Peñaloza, 15 años, Punta Arenas.
Ilustración: Diego Oyarzún @eldoyarzun

