EL FARO DEL FIN DEL MUNDO

Mención Honrosa

Mi papá me llevó al faro de Cabo de Hornos cuando tenía 14 años. Decía que si uno miraba fijo al mar, podía ver barcos fantasmas de exploradores perdidos. Esa noche, el viento ululaba y los albatros giraban como sombras. Jugué entre las rocas hasta encontrar una brújula oxidada. Años después, como guía en Puerto Williams, contaba la historia del niño que encontró la brújula del capitán Fitz Roy. Algunos se reían, otros lo creían, pero anoche entre la niebla, un navío iluminado pasó en silencio y la brújula en mi bolsillo giró. Solo el viento y yo lo vimos.

Vicente Salazar Arriagada, 18 años, Punta Arenas.
Ilustración: Francesca González @francescagonzaleztobar

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