Ilustración: Diego Oyarzún.

Primer lugar

Sábana blanca

El viejo Raymundo solía aparecer todas las mañanas durmiendo a los pies del árbol que estaba afuera de la carnicería del tío Pepe. A veces, cuando iba al colegio a las ocho de la mañana, me lo encontraba recostado en el pasto, con sus ropas desgarradas y su barba canosa que, debido al rocío y la saliva que desprendía de su boca con olor a vino barato, brillaba ante la luz del amanecer. Así eran mis encuentros con Raymundo, hasta que llegó el invierno y, bajo el árbol en donde solía dormir, apareció un montículo de nieve.

Ignacio Rojas Maldonado, 23 años, Punta Arenas.

Ilustración: Diego Oyarzún.

Talento Infantil

Ventana

Abrí la ventana, había sol. Abrí la ventana, había lluvia. Abrí la ventana, había viento. No alcancé a abrirla de nuevo, porque se cayó la ventana.

Máximo Uribe Ulloa, 8 años, Punta Arenas.

Ilustración: Alejandro Délano.

Talento Joven

Ella

Omití el ruido de fondo y me concentré en verla. Quise saber, por un momento, sus historias. Ella estaba dormida, en una esquina. Entre las grietas de su piel pálida cruzaban los ríos. Sus manos sostenían uno que otro pueblo, con gente y problemas que sólo ella conocía. Sus ojos eran el cielo. Sus pulmones brindaban el viento más liberador, que torcía sus árboles. Y no olvido las nubes de tantos colores que nublaban sus ojos y las aves que revoloteaban en su cabeza. Acabé por aceptar, entonces, que sólo ella debe conocer sus historias.

Javiera Miranda Fernández, 15 años, Punta Arenas.

Ilustración: Diego Oyarzún.

Mejor relato del futuro

Los nuevos nómades

La fría lluvia golpeaba sus caras curtidas por el viento. Sus espaldas encorvadas cargaban bolsos con lo necesario para la larga travesía hacia nuevos parajes. Cada día era un paisaje diferente. Su hogar algunas veces eran amplias pampas; otras, bosques quejumbrosos. Sus noches se veían animadas por las enormes fogatas e iluminadas por estrellas brillantes. Su alimento podía ser cualquier fruto que encontraran en el camino. Todo lo que tenían eran recuerdos de una época pasada, de una ciudad furiosa, confinada y enferma, a la que nunca volverían. Los nuevos nómades viajaban buscando un nuevo futuro.

Ximena Gamin Guzmán, 46 años, Punta Arenas.

Ilustración: Alejandro Délano.

Mención Honrosa

Finiquito

¡Urgente! Último aviso: por término de contrato, permuto terreno con construcción sencilla, cabañita de 4,65 x 5,20 metros, amoblada, para una persona; invernadero recién sembrado; veinte melgas de papas, listas para cosechar; una camioneta Toyota Hilux, año 1974, papeles al día. Todo sin herederos. Lo permuto por nicho. Tratar hoy de 15.00 a 15.30 horas, velatorio número 2, Cementerio General.

Carlos Aguilar O’Shee, 66 años, Punta Arenas.

Ilustración: Alejandro Délano.

Mención Honrosa

Cazador

Kusanovic llegó nuevamente. Papá le pagaba con monedas de oro y recibía a cambio bolsas apestosas. Kusa solía practicar tiro atrás de la parcela. No le temblaba la mano cuando disparaba. Una vez me ayudó a practicar, me llevó a la pampa y me hizo dispararle a un niño desnudo, desde lejos. Allí también me enseñó a cortar carne. Cuando le entregué las orejas me dio una moneda dorada, sonriendo sólo con la boca. Más tarde, en casa, examiné el trofeo. En su reflejo vi al niño, inexpresivo. No me tembló la mano cuando volví a ver a Kusa.

Vicente Farfán Bandera, 18 años, Punta Arenas.

Ilustración: Ludo.

Mención Honrosa

La Palo Santo y el Patas con Harina

Me acerco a la ventana. La función del frente será mejor que la novela de TVN con una semana de desfase (tenemos repetidora). Tomo un pucho y mate, acomodo la banca verde que don Juan regaló del puesto. Sigilosa, corro la cortina y espero… Una hora pasa. Él abre la puerta, mira, se arregla la bombacha, ajusta el cinturón tejido maltrecho, acomoda boina, prende hilton rojo, se va. Ella, tras el visillo, despeinada, en enaguas, sonrojada, sudada, sonríe. De pronto para una micro, baja él con su bolsito, rostro cansado tras el tercer turno. Abre la puerta, ella desaparece.

Fabiola Barrientos Cárdenas, 46 años, Punta Arenas.

Ilustración: Ludo.

Mención Honrosa

Después del Club Hípico

Un gran oso vuela y vuela sobre Punta Arenas. Sortea elegantemente el techo del Liceo Contardi, en calle Manantiales, pero el latigazo de una rama enorme de ciprés macrocarpa, impulsada por el fuerte huracán, desvía su curso, enviándolo hacia abajo, al otro lado de la calle. Ahí cuatro viejos cables eléctricos en desuso, agitándose, lo atrapan del cuello. Es detenido y torturado, como padecieron nuestros presos políticos. Tras muchos azotes y estertores, el oso se descose, liberando lentamente su relleno de algodón. Muchas tristes motas salen despedidas hacia el firmamento.

Oscar Gibbons Munizaga, 57 años, Punta Arenas.