GREGORIO DE LA NOCHE

Premio al Mejor Relato 80 Años del Descubrimiento del Petróleo

La Refinería Gregorio de noche no tiene viento. Solo torres encendidas y el olor a petróleo que se mete en la ropa para siempre. Mi padre hizo décadas de turnos nocturnos. Una vez, solo, oyó un golpe en la sala de calderas. Agarró la linterna y fue a ver. Era un gato. Flaco, negro, sin nombre. Mi padre lo bautizó Gregorio y le dejaba carne en un plato todos los turnos. Me lo contó una sola vez. No sé por qué a mí.

Sebastián Roberto Cárcamo Barría, 30 años, Punta Arenas.

Ilustración: Diana González (@dianagontapi)

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